Como es sabido hoy día, las mascotas ocupan un enorme espacio entre los humanos, en especial los perros y gatos, los cuales han pasado de ser mascotas a llamarse hijos y miembro de la familia. Es tanto el nivel, que el reconocido por sus adiestramientos caninos César Millán, considera que el cariño excesivo se transforma en una manera de maltrato animal.
Muchos seres humanos aman tanto a los animales que tienden a humanizarlos, al punto en que ya encontramos restaurantes lujosos, escuelas, clubes, peluquerías, tiendas de ropa y hasta fiestas de cumpleaños para los peludos, entre otros establecimientos en los cuales someten a sus mascotas a actividades que son propias de las personas.
En una entrevista el encantador de perros, aseguró que «Las personas se han enfocado en no tener familias, más bien en ser profesionales y eso los ha llevado a no tener en cuenta la necesidad propia del animal. Es por eso que tratan de llenar esos vacíos con mascotas, pero lo que no saben es que estos últimos se sienten incompletos ya que no son humanos, tienen otras necesidades psicológicas y físicas».
Aparte dijo que los problemas psicológicos de los perros hace 50 años, no eran tan frecuentes pues se trataban como animales y sus espacios eran grandes. Hoy se encuentran viviendo dentro de las casas, aburridos y hasta sin ninguna actividad física.
Es donde llega a la conclusión que: “Un perro de la calle tiene mejor comportamiento que uno que vive dentro de la casa. Tiene ese reto de sobrevivir, buscar su propio alimento, llevándolo a desarrollar todas sus capacidades. En cambio, el perro que vive en casa no tiene trabajo, no camina más allá de 15 minutos, no tiene propósitos”.
Todo esto ha llevado a un debate sobre los derechos de los animales y consiste en averiguar quién es más feliz: ¿Si el perrito de calle que libremente sigue sus instintos, es el mismo, sin tener reglas que cumplir o el que está en casa echado en el mueble, tiene reglas, no hace mucho por sí mismo y está aislado de sus demás congéneres?
Redacción: Lucia Gómez E.

